Corría el año 1817. El día 11 de Noviembre, en el pueblo de Mauleon de los bajos pirineos franceses, en una familia humilde, nace Justine Bisqueyburu. Desde muy temprana edad, esta joven vivió en el hogar de su tía Materna y el esposo de esta, quienes llegaron a quererla como a una hija. En el año 1839, con 22 años, Justine recibió el llamado de Dios, y a finales de agosto de ese año se marchó, con permiso de su tía, a hacer el postulantado en el Hospital de Pau, para convertirse en Hija de la Caridad. Terminado su postulantado, se Marchó a Paris, donde el 27 de Noviembre de 1839, al cumplirse 9 años de la aparición de María a Santa Catalina Laboure, ingresó al Seminario de las Hijas de la caridad, en la capilla de Vac donde dicha aparición habían tenido lugar.

Las primeras apariciones

Hermana Justine Bisqueyburu vistiendo el Hábito de las Hijas de la Caridad.

Durante su retiro espiritual de ingreso al Noviciado, el día 28 de enero del año 1840, la hermana Bisqueyburu experimentó algo que cambiaría su vida para siempre. Mientras se hallaba en oración, frente a ella apareció una mujer. Con un vestido blanco que llegaba hasta sus pies descalzos, un manto celeste claro que la cubría, y el pelo suelto, sin velo, cayendo sobre sus hombros. En su mano derecha, un corazón atravesado por una espada, y que desprendía abundantes llamas de la parte superior ¡Era María! Estaba segura de que así era.

La hermana Justine no se atrevió a pronunciar palabra alguna. Solo se quedó contemplandola hasta que finalmente la Virgen desapareció de su vista. Este mismo fenómeno se repitió otra vez el día en que finalizó su retiro espiritual, y en cuatro o cinco ocasiones más, durante las fiestas Marianas principales. Durante todo este tiempo, la Hermana Justine guardó el más absoluto silencio al respecto de las apariciones. No sintió que fuera algo más que una gracia particular que María le concedía para incrementar más su amor hacia ella. Y temía además no ser creída.

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El Escapulario Verde

Terminados los nueve meses de Noviciado, y habiendo recibido el hábito, la hermana Justine fue enviada a una escuela en Blangy (bajo Sena) donde se desempeño como maestra. Pero el día 8 de Septiembre de 1840 la Virgen volvería a aparecerse, esta vez llevando en la mano un escapulario, hecho con un único retazo de tela verde y colgado de un cordón, también verde. De un lado el escapulario tenía la imagen de la Virgen, tal y como Justine la veía, y del otro, el corazón de María, exactamente igual al que la aparición sostenía en su mano derecha, rodeado por las palabras “Inmaculado corazón de María, ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte”, todo ello rematado por una cruz dorada:

“Esta sagrada imagen es para que las Hijas de la caridad contribuyan a la conversión de las almas, particularmente las de los infieles, y para procurarles una buena muerte ¡Hagan copias de ella y distribuyanlas con confianza!”.

María a la Hermana Justine Visqueyburu, 8 de Septiembre de 1840

En este punto, la Hermana Justine sintió que era necesario hablar con alguien al respecto, y en una carta datada en octubre 8 de ese mismo año, le pidió consejo al respecto a la Hermana Buchepot, quien le dijo que lo hablaría con el Padre Aladel, director de las Hijas de la Caridad, confesor de Justina y también confesor de Santa Catalina. La Virgen volvió a aparecerse el 15 de Agosto y el 13 de Septiembre de 1841, renovando su pedido de que el escapulario fuera distribuido. Pero el Padre Aladel decidió no acceder a este pedido, por motivos que se desconocen. Se cree que el Padre Aladel quería esperar para ver si los frutos de estas apariciones eran verdaderamente buenos.

La Virgen se enoja y las «condiciones» del Escapulario

Ante la negativa del padre Aladel, el 3 de mayo de 1842, María le expresó su gran descontento a la Hermana Justine:

“¡No me complace que se estén tardando tanto tiempo en hacer los escapularios!

le dijo María en esa ocasión. Luego de varias idas y vueltas más, al fin pudo hacerse y distribuirse este nuevo escapulario, aunque en cantidades muy pequeñas. Por este motivo, nuevamente María le expresaría su descontento a la hermana Justine a lo largo del año 1846. En este año finalmente comenzó a distribuirse este escapulario con mayor confianza. Pero… ¿Cuáles eran las condiciones? ¿Había que bendecirlo de alguna manera en particular? ¿Rezar alguna oración? ¿Imponerse en algún tipo de ceremonia? Para esto, en septiembre de ese año se le pidió a la hermana Justine que le preguntara a María al respecto de ello, cosa que no le agradaba, pero obedeció. Y el 8 de Septiembre de 1846, María le respondió:

“Este escapulario no es como los otros, un hábito de pertenencia a una confraternidad, sino dos sagradas imágenes puestas en un único retazo de tela que cuelga de un cordón semejante a una medalla, no requiere una fórmula especial para bendecirlo o imponerlo. Es suficiente que sea bendecido por un sacerdote y usado por un infiel o pecador a quien queramos beneficiar con su feliz influencia. Puede hasta ser deslizado entre sus ropas sin que lo sepa, o en su cama o su habitación.

En cuanto a las plegarias que deben decirse todos los días, solo hay una que debe repetirse cada día, la que está escrita en el óvalo que circunda al inmaculado corazón en el escapulario: “Inmaculado corazón de María, ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte”. Si la persona a quien se le aplicara este escapulario no la dice, deberá ser dicha en cambio por aquel que lo utilice o se lo haya dado.

Que se utilice este escapulario en Francia, como en tierras extranjeras. Las más grandes gracias vienen unidas a su uso; pero estas gracias son mayores o menores en proporción al grado de confianza que lo acompañen.”

Luego de las apariciones

Luego de esto, la distribución de estos escapularios fue aprobada por el Papa Pio IX en los años 1863 y 1870. Tristemente, no es tan conocido como otros sacramentales, como el Detente o el Escapulario Marrón.

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La hermana Justine llevó luego de estos sucesos una vida silenciosa y de devota entrega. Estuvo al frente de diversos hospitales y hogares, y era famosa por su humildad, su firmeza, su perfecta obediencia y su maternal y amorosa entrega a cada uno de los pacientes que atendía. Gentil, dispuesta, sensible, virtuosa y piadosa son algunas de las palabras que los muchos testimonios de la vida de esta humilde Hija de la Caridad repiten sobre ella.

En vida, por su propio deseo, jamás se reveló que fue ella quien había tenido estas visiones, ya que le lastimaba en lo profundo no haber podido lograr que el Escapulario Verde se diera a conocer de forma más extensa, como María le había pedido repetidas veces en sus apariciones. Decía además que no quería gloria ni reconocimiento alguno en esta tierra, ya que temía, a pesar de su ejemplar vida, ser hallada “falta de méritos” en el momento de su juicio particular.

Falleció un 23 de Septiembre de 1903, luego de haber dedicado toda su vida a servir a los enfermos, heridos y afligidos. Pero como legado de las apariciones que esta extraordinaria mujer tuvo, nos queda aún el Escapulario Verde, prenda de conversión, que tanto nos falta en estos tiempos modernos, y al cual numerosas gracias, curaciones y conversiones se le atribuyen.

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Repitamos constantemente, como María le pidió a la hermana Justine “Inmaculado corazón de María, ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte”.