En la actualidad estamos relativamente acostumbrados a que nuestros coros parroquiales en un afán de querer sonar «más profesionales» compren baterías, bajos, guitarras eléctricas, etc, para acompañar la Santa Misa. Como resultado, no es raro escuchar «misas rock». Pero esta moda tuvo un principio y un responsable con un nombre que estoy seguro te resultará familiar: Marcello Giombini. Sí, el autor del famoso «Gloria Giombini» o «Santo Giombini».

Este 2019 se cumplen 50 años de la primera vez que «gracias» a Marcello Giombini se comenzó a cantar rock en Misa. Conoce aquí con fotos y videos la historia detrás de este histórico momento en la Iglesia.

Un poco de contexto

Los 3 años que duró el Concilio Vaticano II (del 1962 al 1965) provocaron muchos cambios en la vida de la Iglesia. Estos cambios también se vieron reflejados en la Santa Misa: Se dejó abierta la posibilidad de que la Misa se rezara en español, que el sacerdote oficiara el sacrificio de cara al pueblo, la inclusión de nuevos instrumentos y ritmos musicales en la liturgia, etc.

Hoy nos cuesta entender lo chocante de este cambio para muchos miembros de la Iglesia. Pónganse a pensar que durante siglos lo único que se escuchaba en Misa eran oraciones en latín, cantos gregorianos y un viejo órgano ¡y de pronto todo cambió de la noche a la mañana!

Marcello Giombini y su primera Misa Rock

Seguramente habrás escuchado alguna vez en Misa el famoso «Gloria Giombini». suele ser uno de los Gloria más alegres en el repertorio de nuestros coros parroquiales. Se llama Gloria Giombini porque su compositor fue el italiano Marcello Giombini. Esta es la versión original de este Gloria.

Cuando culminó el Concilio Vaticano II, Marcello Giombini, un músico ateo con experiencia en dar música a algunas películas de western italianas, se animó a escribir el repertorio completo de una Misa. La llamó «La Misa de la juventud» para voz, guitarra, bajo, teclados y batería. ¡Toda una revolución para entonces!

Las 9 canciones de «la Misa de la Juventud» fueron estrenadas el 27 de abril de 1966 en el Aula Borrominiana del Oratorio San Felipe Neri en Vallicella, Roma. Este estreno fue solo un concierto, no una Misa real, pero fue todo un éxito; se cuenta que el oratorio estaba repleto y más de dos mil personas quedaron afuera; por tal motivo tuvieron que acondicionar parlantes al exterior para que todos pudieran escuchar esta novedad.

Esta fue la primera de muchas Misas rock compuestas por Marcello Giombini que en adelante serían conocidas como Misa Beat (porque sonaba a los Beatles).

Gracias al éxito de su primer concierto, Marcello Giombini continuó componiendo «Misas Beat». Por ejemplo, el famoso Gloria Giombini pertenece al disco «Caminando en la esperanza» .

La primera Misa Rock

Pero aquella primera «Misa de la Juventud» fue tan exitosa que algunos años después Giombini convenció a Mons. Pietro Fiordelli, obispo de Prato – Italia, para interpretarla durante una Misa real.

Aquel día fue histórico. ¡Nunca antes en la Iglesia se había escuchado algo así! Aquél 3 de febrero de 1969 fue la primera vez que se escuchó rock en una Santa Misa.

En este corto video se observa la primera parte de dicha Misa.

En el video se puede apreciar como todavía el sacerdote mantenía la costumbre de celebrar la Santa Misa mirando hacia el altar (ad orientem) y no hacia el pueblo.

Un acertado comentario sobre las «Misas rock»

Valentino Miserachs Grau, director del Coro de la Capilla Sixtina hasta el 2012 recuerda así la revolución de la Misa Beat:

«Para salpicar lo doctrinal con lo anecdótico, les voy a contar lo que sucedió en Roma alrededor de los años 60. Fue el fenómeno llamado ‘messa beat’, compuesta por Marcello Giombini – que, por cierto, no era lego en música – y patrocinada por el mismísimo cardenal Giacomo Lercaro, una misa con ritmos y percusiones y melodía de festival de música ligera, que debía operar el milagro de acercar toda la juventud a la Iglesia. El milagro ha sido todo lo contrario: pasó la “messa beat” sin pena ni gloria, y las iglesias se han vaciado, sobretodo de jóvenes. El mismo Giombini – que se profesaba ateo – tuvo todavía tiempo de hacer un “mea culpa” y reconocer públicamente su error.

Esta misa ‘beat’ fue el primero de toda una cadena de errores que dura hasta nuestros días.

La misa ‘beat’ fue desgraciadamente como una deflagración nuclear, con la fatal consecuencia de otorgar ‘carta de gracia’ a una praxis tan peligrosa como atrevida, a saber: que la música litúrgica podía ser – ¿o tenía que ser? – una pura y simple transposición de la música profana de moda. Erróneamente y contra toda justicia a este tipo de música de consumo, inconsistente, vacía, insípida y efímera, la llaman ‘música popular’, como ahora también llaman ‘concierto’ a los espectáculos hechos de ruídos ensordecedores y contorsiones, que si alguna calificación merecen es la de ‘desconcierto'».