Miré esta imagen en varias páginas feministas. Veamos todas las mentiras en ella contenida:

1. La Iglesia no lucha simplemente por la vida de un «feto», lucha por la vida humana, desde concepción a sepultura, ya que, todo ser humano, independientemente de etnia, raza, clase o sexo, tiene un lugar único en toda la creación, ya que todos somos hechos a «Imago Dei» (imagen de DIOS).

Y fue este concepto, que nos sacó de la verdadera barbarie del mundo pre-Cristiano, donde el aborto, en muchos casos específicamente hacia niñas, era una práctica no solamente común, pero vista con buenos ojos aún por grandes filósofos como Platón y Aristóteles (una práctica común era dejar el recién nacido en el bosque para que muriera de hambre, frío/calor o despedazado por un animal salvaje … y si piensan que esto nada que ver con el aborto legal de hoy, bueno, les recuerdo que en muchos casos el bebé es descuartizado o quemado dentro del vientre por el «médico», antes de ser expulsado).

2. Los que afirman que «se nace gay», son los mismos que afirman que «no se nace mujer». En serio, menos ideología y más ciencia. Nadie nace gay, la sexualidad es un fenómeno complejo que se desarrolla conforme crece el niño, hay muchos factores que juegan un rol dentro del desarrollo de la orientación sexual del niño, desde hormonas, a predisposiciones genéticas, a crianza y las primeras experiencias sexuales. Pero decir que «se nace gay», es una afirmación completamente anti-científica.

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3. No hay nada más prejuicioso, moralista e intolerante que declarar que la Iglesia condena a los hijos que son gays; eso no es más que una proyección de estereotipos en base a calumnias y rumores, y no en base a lo que la Iglesia verdaderamente enseña.

Primero que todo, el concepto entero de amar al prójimo como a ti mismo, es un concepto netamente Cristiano que fue la Iglesia quien lo transmitió a todo el mundo moderno. Antes de esto, la idea de «amar al enemigo» y de «tratar a todos por igual» no solamente era completamente extraño, pero además, absurdo dentro de las culturas pre-Cristianizadas. Dos, la Iglesia no «enseña a condenar a un hijo gay».

¡¡Jamás!!!

Si algo, la Iglesia nos enseña y nos exhorta a amar a nuestros hijos como DIOS nos ama a nosotros (es decir, aún a pesar de que somos pecadores), a no abandonar la familia y fue el apóstol Pablo quien con toda la autoridad de Jesucristo dijo: «si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo» (1 Timoteo 5:8). 

Ningún padre verdaderamente cristiano dejaría de amar y luchar por su hijo por el simple hecho que él se identifica homosexual. Lo que somos llamados a hacer con nuestros hijos es instruirlos en buen camino, disciplinarlos y usar nuestra postura de autoridad como padres para desarrollar en ellos el carácter de Cristo.

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Y parte de este entrenamiento es demostrarles el modelo que DIOS mismo establece como el correcto en cuanto a la sexualidad humana. Este modelo instruye de que el Matrimonio es la unión de por vida entre un hombre y una mujer, que mientras el joven no está casado, lo mejor es la castidad, y que la fidelidad dentro del Matrimonio es crucial para la salud de la familia, y como por consecuencia, la sociedad.

Y aunque parezcan como valores «anticuados» y «obsoletos» en nuestra era progresista, estos principios han demostrado su utilidad a través de los tiempos y a través de miríadas de culturas y civilizaciones: funcionan quieren o no reconocerlo los pseudo-ingenieros sociales de nuestra era libertina. Pero el padre de familia que «deja de luchar» por su hijo (o hija) por el simple hecho de que se identifica gay, no lo hace en base a la fe Cristiana y lo que enseña la Iglesia, jamás, si lo hace, lo hace en base a sus propios prejuicios personales y fallidos sistemas culturales con moralina que no es la ética y moral Cristiana.

Por último, Cristo y su Iglesia no condena a nadie, por lo contrario, ofrecemos las buenas nuevas de salvación a todos, sin acepción de personas, ya que todos los seres humanos, somos por naturaleza, pecadores. Pero en Cristo, somos justificados e injertados a la familia de DIOS, que es su Iglesia, y por medio del estudio de las Escrituras, la oración, reflexión y la hermandad entres los santos, crecemos a la estatura de Cristo, el varón perfecto y el primero entre muchos. Si muchos se pierden, no es porque «la Iglesia los condena», sino porque en palabras de Cristo mismo:

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«Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios» (San Juan 3:19-21).

Fuente: Cristiano Conservador.