Todos sentimos mucha emoción cuando un nuevo Papa es elegido. Es sumamente significativo para nosotros los católicos el saber que tenemos un nuevo sucesor de San Pedro. La emoción suele llevar a algunos a afirmar categóricamente que el Papa es escogido directamente por Dios. En cambio, otros se van al otro extremo y piensan que la elección del Papa es meramente humana y Dios allí no tuvo nada que ver.

¿Quién escoge realmente al Papa? ¿Dios? ¿Los cardenales? El Padre Fortea, conocido exorcista español, lo comenta claramente en su blog. Esta es su explicación.

En vuestras manos está la Iglesia

Los cónclaves, a veces, escogen al que Dios querría para el puesto de papa y, a veces, no. Además, habría que distinguir entre cuál sería el más adecuado dentro del colegio cardenalicio para ese puesto papal y cual sería el más adecuado si ampliamos los candidatos al episcopado entero o, incluso, más allá.

Fumata blanca que anuncia que un nuevo Papa ha sido elegido.

No solo el acto de la elección, sino el mismo arco de posibilidades reales de candidatos dependen de decisiones concretas de aquellos que tienen o han tenido autoridad. En el cónclave, confluyen una serie de decisiones pasadas y presentes. De manera que la elección del preferible se realiza “dentro de los candidatos presentes”, lo cual ya implica un condicionante.

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Lo interesante es que, a pesar de todo, de entre los candidatos cardenalicios, siempre hay uno que es el preferible a los demás. Podríamos decir que esos candidatos preferibles pueden ser tres o cinco o seis. Aunque, por pequeño que sea el grupo, siempre habrá uno que será el más adecuado. Nunca se dará una situación de perfecto equilibrio en la balanza, al menos, en el plano de lo objetivo.

En ocasiones, la Voluntad de Dios se abre paso; en otras ocasiones, deja hacer. Lo mismo sucede con las elecciones de obispos. Hay casos en los que esa designación divina ya estaba profetizada desde el inicio del sacerdocio. Esa es la prueba –la profecía– de que la Voluntad de Dios, a veces, se impone a pesar de todo y a pesar de todos. Esto también es aplicable para los cónclaves.

Fijémonos en el caso de la elección de Saul o de David para reyes de Israel. Dios escoge entre todos los israelitas y, en ambos casos, la elección del cielo es completamente libre. De hecho, en los dos casos, queda claro que sus familias no eran ricas. Saul hizo uno largo recorrido en busca de unas mulas perdidas y David era un pastor y no un gran terrateniente. En ambos casos, no se trataba de ganaderos ricos como Abrahán.

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Annuntio vobis gaudium magnum: HABEMUS PAPAM.

De entre todos, ellos son escogidos, de forma libérrima, sin condicionantes. Algo parecido sucede en la elección de los Doce por parte de Jesús. Tampoco para Jesús hubo limitación a un grupo de candidatos.

Podríamos pensar que esa no es la situación en el caso del Sacro Colegio, durante un cónclave. Pero no olvidemos que si las posibilidades realistas están restringidas a un número determinado de candidatos, también es cierto que para Dios es fácil colocar previametne, en ese sacro colegio, al que es su candidato, el del Señor.

Si observamos esto, nos damos cuenta de que, a pesar de todos los malos condicionantes que haya, en ocasiones, Dios eleva a su candidato y otras veces permite que pierda la votación. Hay un discernimiento de los cardenales para intentar saber quién es el preferido por Dios. Y hay un discernimiento más complejo para saber, ya de forma histórica, si el elegido había sido el más adecuado de los candidatos. Un modo de llegar a una conclusión son los frutos que ha provocado tal elección.

Pero no es fácil llegar a una conclusión segura, porque Saul y David hicieron malas cosas y nadie duda de que ellos eran los preferidos de la Sabiduría Divina.

Me parecería fascinante poder recorrer los siglos y poder ver todas las circunstancias que acompañaron en los conclaves a los preferibles y a los preferidos. Y ver con detalle qué sucesión de hechos llevó en unos casos al triunfo de la decisión de Dios a pesar de todo. Pero ese recorrido no se puede hacer sin la información necesaria. Y para esto tenemos muy poca información. Solo podemos suspirar por lo interesante que sería tal análisis.

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