El agua bendita es uno de los sacramentales más importantes que tenemos en nuestra Santa Iglesia. Al ser un sacramental, podemos obtener por medio de ella, al utilizarla con devoción, muchas gracias actuales, el perdón de pecados veniales (al mover a la persona hacia la contrición y caridad) y la purificación del alma.

Podemos utilizarla santiguándonos cada vez que vayamos a salir del hogar, al levantarnos y al acostarnos. Los padres pueden aplicarla, haciendo la señal de la cruz sobre la frente de sus hijos.

Al respecto, Santa Teresa de Jesús decía:
«De larga experiencia he aprendido que no hay nada como el agua bendita para poner en fuga a los demonios y evitar que vuelvan nuevamente. También huyen de la Cruz, pero regresan; así que el agua bendita debe tener gran virtud. Por mi parte, siempre la llevo, con ella mi alma siente un particular y muy notable consuelo»