Durante la Santa Misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta en el Vaticano, el Papa Francisco nos ha recordado que la misericordia de Dios es incluso más grande que los pecados de aquellos que piensan «He hecho cosas tan malas. He comprado mi lugar en el infierno, no puedo volver atrás«.

«Recordemos la historia de la pobre viuda que fue a confesarse con el cura de Ars», dijo el Santo Padre, «su marido se había suicidado; había saltado del puente al río. Y lloraba. Y dijo: ‘Yo soy una pecadora, pobrecilla. ¡Pero, pobre mi marido! ¡Está en el infierno! Se suicidó y el suicidio es un pecado mortal. Está en el infierno’. Y el cura de Ars dijo: ‘Deténgase, señora, porque entre el puente y el río está la misericordia de Dios’. Hasta el final, hasta el final, está la misericordia de Dios«.

Evitar juzgar para seguir la Misericordia

Pero el Papa también advirtió que para ser consecuentes con la misericordia de Dios, debemos evitar la tentación de juzgar a los demás, especialmente en este tiempo de Cuaresma.

«También,  hay una costumbre que se mezcla en nuestras vidas incluso sin que nos demos cuenta. ¡Siempre! Hasta para iniciar una conversación: ‘¿Has visto aquel lo que ha hecho?’. El juicio al otro. Pensemos en cuántas veces al día juzgamos. ¡Por favor! Parecemos todos jueces fallidos ¡no! Todos Siempre para empezar una conversación, un comentario sobre otro: ‘Pero mirá, ¡se hizo cirugía estética! Es más fea que antes'», recordó el sucesor de San Pedro.

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Ser misericordiosos con los pobres y necesitados

Finalmente, el obispo de Roma nos invitó a aprender la sabiduría de la generosidad para evitar la tentación de juzgar a los demás.

«El Señor nos enseña: ‘Den’. ‘Den y se les dará’: sean generosos en el dar. No sean ‘bolsillos cerrados’; sean generosos en dar a los pobres, a los necesitados y también en dar tantas cosas: consejos, sonrisas a la gente, sonreir. Siempre dar, dar. ‘Den y se les dara’. Y se les dará una medida buena, llena y desbordante, porque el Señor será generoso: nosotros damos uno y Él nos dará cien de todo lo que damos. Y ésta es la actitud que brinda el no juzgar, el no condenar y el perdonar. La importancia de la limosna, pero no sólo de la limosna material, sino también de la espiritual; perder el tiempo con otra persona necesitada, visitar a un enfermo, sonreír», concluyó el Papa Francisco.