Eilmer de Malmesbury, más conocido como «el monje volador», fue un monje benedictino que vivió en Inglaterra a principios del siglo XI. El sobrenombre de «monje volador» se lo ganó por intentar volar saltando desde la torre de su abadía. ¿Quieres saber cuántos huesos se rompió en su intento? Aquí te lo contamos.

Eilmer vivía en la abadía de Malmesbury en Inglaterra que en aquel entonces contaba con la segunda biblioteca más grande de Europa. Allí pudo profundizar en sus estudios de astronomía y conocimientos prácticos de mecánica.

Animado por los conocimientos que había adquirido, hizo algunos cálculos para intentar lograr uno de los más grandes sueños del hombre: volar.

Así que se armó de valor, ajustó unas rústicas alas a sus manos y pies (muy similares a los trajes que en la actualidad usan los que practican «wingfly»), subió a la torre más alta de la abadía y saltó desde sus intimidantes 24 metros de altura.

William, un historiador y también monje de la abadía de Malmensbury, cuenta que Eilmer «llegó a ‘volar’ una distancia superior a un furlong, es decir, unos 200 metros. Pero agitado por el viento y la corriente del aire, además de por la consciencia de su arriesgado intento, cayó y se rompió sus piernas, quedando cojo de por vida«.

A pesar del fracaso de su experimento, Eilmer no se desanimó e hizo los preparativos para un segundo intento. Él estaba seguro de que si equipaba su traje con una cola tendría un vuelo más estable y le daría la posibilidad de maniobrar un aterrizaje seguro.

Lamentablemente para esta historia, ese segundo vuelo nunca se produjo, ya que el abad le prohibió arriesgar su vida con futuros intentos.