El padre Probo Vaccarini es una prueba de que Dios llama obreros a su mies aún en los contextos más inusuales. Conoce la historia de cómo llegó a ser sacerdote a pesar de tener 4 hijos que también fueron llamados al sacerdocio.

Probo Vaccarini nació hace 100 años en Italia. Siendo joven tuvo la dicha de visitar la localidad de San Giovanni Rotondo donde pudo conocer en persona a San Pío de Pietrelcina quien le animó a tener «una familia santa y numerosa».

En aquel entonces conoció a Anna Maria Vanucci, con quien se casó y tuvo siete hijos: cuatro niños y tres niñas. Luego de 18 años de matrimonio su esposa falleció y quedó viudo a los 51 años de edad.

El llamado al sacerdocio de Probo Vaccarini y sus hijos

Luego de enviudar, Probo Vaccarini sintió el deseo de servir más intensamente a Dios, así que es nombrado acólito y posteriormente diácono permanente. En el fondo de su corazón, él sentía que Dios lo llamaba al sacerdocio.

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Mientras tanto, tres de sus hijos (Giovanni, Francesco y Giuseppe) entraron al seminario y fueron ordenados sacerdotes en los años 1979, 1981 y 1983. Cinco años después, el propio Probo fue ordenado sacerdote. Tiempo después, el cuarto de sus hijos varones también entró al seminario y hoy ya es sacerdote.

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Como esposo, padre y luego sacerdote, la contribución de P. Probo a la Iglesia es, en palabras de P. Giuseppe, la de la “fe que lo movió en el matrimonio, en la crianza de los hijos, en el afrontar la muerte de mi madre, un momento – recuerda – muy duro, con nosotros, los niños pequeños.

Esta fe ha asumido diferentes implicaciones según las situaciones en las que se ha encontrado”. P. Giuseppe testimonia cómo, a lo largo de los años, su padre ha recordado siempre la figura de su madre, repitiendo a menudo: “Mi mujer me decía…”. “Tal vez la gente que no lo conocía al principio – sonríe P. Giuseppe – lo miraba un poco extraño.

El hecho de que haya estado casado, de que haya criado a sus hijos, es ciertamente para muchos una aproximación diferente a la Iglesia”, pero – añade Mons. Lambiasi – precisamente “la aportación de una vida humana, plenamente humana porque es cristiana”, es lo que distingue a la figura de P. Probo. Por eso el Obispo de Rímini recuerda el versículo del Evangelio según Mateo: “Habéis recibido gratuitamente, dad gratuitamente”.

“Creo que la nota fundamental – explica el Prelado – es la de la gratitud por haber recibido tanto y la gratitud, como sabemos, es un poco la hermana mayor de la gratuidad. Se crea un círculo virtuoso entre gratitud y gratuidad, un círculo que P. Probo vivió en primera persona y que –concluye Mons. Lambiasi – contagia un poco a toda nuestra Iglesia”.

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