La película «Los dos Papas», más allá de sus buenas intenciones, es sumamente injusta y errónea en el retrato que hace de Benedicto XVI.

El vulgo juzga a los Papas a partir de la impresión que le da la imagen televisiva. Y no es de extrañar que Benedicto XVI, siendo un gigante espiritual e intelectual, no esté al alcance de las mayorías, para las cuales sigue siendo un desconocido.

Por ello trataré de hacer una lista de algunas injusticias de esta película hacia el Papa Ratzinger.

1. Es retratado como un hombre intransigente, rígido y duro, que se va suavizando. Esa es la leyenda para los desconocedores. Ratzinger ha sido siempre suave. Un abuelito afable y de mente abierta al diálogo de alto nivel.

2. Lo personifican como un buscador insaciable de poder. Nada más alejado de la realidad. Era el primero en desear su propio retiro siendo cardenal. Nunca quiso ser Papa (el oso que aparece en su escudo, tomado de una leyenda, es símbolo de ese deseo que tenía de regresar a su tierra y retirarse a sus reflexiones, lejos del gobierno).

3. Lo ponen como un hombre insensible y alejado de la gente, dedicado a sus aficiones. En realidad su nivel cultural e intelectual hace que naturalmente la gente común se identifique más con un Papa aficionado al fútbol que a uno que es experto en música clásica y piano. Ambas cosas son buenas. Pero, de hecho, la música clásica requiere más sensibilidad en todo sentido.

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4. Lo pintan como un intelectual desconectado de la realidad. Aunque si alguien entendió al hombre actual y sus problemáticas fue precisamente él. Pero sólo lo saben quienes lo han leído con interés.

En fin, el personaje de Anthony Hopkins no tiene nada que ver con Joseph Ratzinger. Pero hay algo peor aún :

5. Inventan una acusación gravísima, según la cual él encubrió al padre Maciel. Esta es la injusticia más grande y absurda de la película. Porque fue precisamente Ratzinger quien más luchó por hacer justicia en eso. Quien obstruyó esa causa fue otro cardenal más importante, de manera que Ratzinger sólo pudo destapar esa olla apenas fue elegido Papa y estuvo por encima de aquel otro cardenal que lo bloqueaba. Terrible injusticia de esta película. Imperdonable.

En fin, la película ni entiende ni vislumbra cuál ha podido ser la enorme aportación de Joseph Ratzinger a la historia. Y así lo deja, como un personaje mediocre. Cuando en realidad la mediocridad está en quien no supo apreciar el gigante que tenía delante y lo retrató burdamente. Ni siquiera eso; hizo sólo una caricatura injusta.

Por Fernando Morales, LC