La Santa Misa es sumamente importante para la vida del cristiano. Bien dice el Concilio Vaticano II que «la Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana» (LG 11).

Los santos concuerdan al hablar de la Santa Misa. El Padre Pío dice: «Sería más fácil que el mundo sobreviviera sin el sol, que sin la Santa Misa». «El mismo Dios no puede hacer una acción más sagrada y más grande que la celebración de una Santa Misa», dice San Alfonso de Ligorio.

Y es que ¿cómo no va a ser cierto todo esto? Si «Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, hace memoria de la Pascua de Cristo y ésta se hace presente: el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz, permanece siempre actual (cf Hb 7,25-27): «Cuantas veces se renueva en el altar el sacrificio de la cruz, en el que ‘Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado’ (1Co 5, 7), se realiza la obra de nuestra redención» (LG 3)» (Catecismo Iglesia Católica, numeral 1364).

Es por eso que la Iglesia advierte de la gravedad de faltar a Misa los domingos y fiestas de guardar y recomienda asistir no sólo en los preceptos sino siempre que se pueda. Sin embargo, muchos viven su Misa sin darle el valor que merece.

¿Qué valor le daban los primeros cristianos?

Mencionaremos un buen ejemplo para ver qué importancia tenía la Eucaristía para los cristianos primitivos.

Situémonos en el siglo IV en Abitina, una ciudad del norte de África:

«Se trata de cincuenta cristianos, personas normales, que vivían bajo el emperador Diocleciano, que persiguió a los cristianos con crueldad y dureza. Un domingo se convirtieron en presa fácil para las autoridades, pues se reunieron para la Misa…
Para sus vecinos paganos el domingo era un día normal de trabajo. Así, no había razón especial para que cincuenta personas se congregasen a las afueras de la plaza del mercado un día como ese…
Para los soldados romanos de la ciudad, detener cristianos un domingo era tarea fácil, como pescar peces en una pecera. Sólo con ver a la gente reunida ya sabían de qué se trataba…
Cuando llegaba el día del juicio, el tribunal no podía creer la aparente estupidez de los cristianos. Les preguntó qué razón tenían para exponerse de esa manera y, uno de ellos llamado Emeritus, respondió con llaneza: ‘No podemos vivir sin la Misa’. Otro, de nombre Félix, añadió: ‘Los cristianos no podemos vivir sin la Misa de la misma manera que la Misa no se celebra sin los cristianos’. Y seguía: ‘Los cristianos hacen la Misa, y la Misa hace los cristianos. Uno no puede darse sin lo otro’.
Por supuesto, estos creyentes eran enviados directamente a la muerte… Entre los cincuenta mártires de Abitina había hombres, mujeres y niños, todos preferían morir antes que no cumplir el precepto dominical» (Scott Hahn, Comprometidos con Dios, Cap XI, Parte 5).

¿Qué valor le damos nosotros?

Sin duda que podemos comparar la historia de arriba con nuestra propia situación y así darnos cuenta de qué tanto nos falta para llegar a tener el fervor de aquellos gloriosos mártires. Cabría preguntarse ¿se parece mi fervor al de ellos? ¿hago todo lo que sea necesario por ir a Misa? ¿asisto incluso cuando no es precepto? Son preguntas que hemos de meditar y reflexionar en nuestro interior.

Esta historia no ha quedado en el pasado. Actualmente hay lugares en los que los cristianos se exponen a peligro cuando van a la parroquia y a Misa, esto es principalmente en Oriente Medio, en países de mayoría Musulmana. Cristianos son perseguidos en aquellos lugares y muchos cristianos de Occidente a veces olvidan elevar una oración por ellos.

Todos estos ejemplos (pasados y actuales) son oxígeno para la Iglesia. La Iglesia ha crecido cuando es perseguida. Esa firme convicción de los mártires que prefieren morir que dejar de asistir a la Eucaristía ha alimentado a muchísimas almas y les ha enseñado qué valor tiene la Santa Misa ¡Cristo mismo está real y verdaderamente presente! Es el sacrificio del Hijo de Dios, y se nos da para que nos alimentemos de él.

Que Dios nos de la gracia de amarle en la Eucaristía como le amaron aquellos mártires, como le aman los cristianos perseguidos en Medio Oriente. Que podamos entender que la Santa Misa lo es todo, que ahí está nuestra felicidad, que ahí está nuestra paz.

«Si conociéramos el valor de La Santa Misa nos moriríamos de alegría” (Santo Cura de Ars).

Nota: Las citas de los santos acerca de la Misa fueron tomadas de este artículo.