«Mi cuerpo mi decisión», «saquen sus rosarios de nuestros ovarios», etc. Esos son algunos de los lemas que más se suelen escuchar en las marchas feministas. Y es que hoy uno de los mayores pedidos de los movimientos feministas precisamente la legalización de la interrupción del embarazo a voluntad de la madre.

Sin embargo, es bastante paradójico enterarse que precisamente las que iniciaron toda esta ola feminista pensaban todo lo contrario a ellas en este tema. De hecho, hasta podríamos decir que muchas de las primeras feministas eran provida.

Aquí les cuento lo que pensaban algunas de ellas.

Victoria Woodhull

Fue una luchadora por el derecho de voto de las mujeres, por eso tambiñen fue la primera mujer en anunciar su candidatura a la presidencia de los Estados unidos con el partido Equal Rights (Derechos iguales) en 1870.

Ella inició un periódico feminista junto a su hermana en el que en una ocasión escribieron un artículo titulado «The Slaughter of Innocents» (La masacre de los inocentes) en el que declararon lo siguiente:

«Las esposas deliberadamente se permiten quedar embarazadas de niños y luego, para evitar convertirse en madres, deliberadamente los asesinan cuando aún están en sus úteros. ¿Puede haber una condición más desmoralizada que ésta? Somos conscientes de que muchas mujeres intentan excusarse por practicarse abortos sobre la base de que no es un asesinato. Pero el hecho de recurrir a un argumento tan débil solo demuestra más palpablemente que se dan cuenta de la enormidad del crimen».

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Maddie H. Brinckerhoff

Maddie Brinckerhoff fue una popular conferencista que abogó por el sufragio femenino y otras causas de derechos de las mujeres.

«Cuando un hombre roba para satisfacer el hambre, podemos concluir con seguridad que hay algo mal en la sociedad, así que cuando una mujer destruye la vida de su hijo no nacido, es una evidencia de que por educación o circunstancias ha sido muy maltratada». Maddie Brinckerhoff , Diario feminista La Revolución.

Dra. Elizabeth Blackwell

Luego de que su solicitud fuera rechazada en 10 universidades, logró que la aceptaran en Ginera (Nueva York), convirtiéndose así en la primera mujer en lograr ejercer la profesión de médico en los Estados Unidos y en todo el mundo.

Como profesional de la medicina, la doctora Elizabeth estaba convencida de que la vida comenzaba en el momento de la concepción y por tanto debía ser protegida. Al respecto ella afirmaba lo siguiente:

«Mira el primer destello de la vida, la vida del embrión, el comienzo de la existencia humana. Vemos una célula pequeña, tan pequeña que puede ser fácilmente olvidada. Es una célula viva; contiene un poder de crecimiento progresivo, conforme a las leyes, según un tipo definido, que solo podemos contemplar con reverente admiración«.

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Pero no solo eso. En su diario personal se encontró una dura crítica a Madame Restell, una conocida abortista ilegal de la época. Sobre ella dijo estas duras palabras:

«La grosera perversión y destrucción de la maternidad por el abortista me llenó de indignación y despertó un antagonismo activo. Que el honorable término ‘médico femenino’ se aplicase exclusivamente a aquellas mujeres que llevaban a cabo este escandaloso comercio me parecía un horror. Era una degradación absoluta de lo que podría y debería convertirse en una profesión noble para las mujeres».

Susan B. Anthony

El periódico de Susan B. Anthony, La Revolución, publicó una serie de editoriales en contra del aborto durante el tiempo que estuvo en circulación, de 1868 a 1872. Inclusive se negó publicar anuncios abortivos, a pesar de que muchos periódicos y publicaciones lo hicieron para lucrar.

Algunos académicos le acreditan a Anthony uno de los artículos provida más poderosos jamás aparecidos en La Revolución, aunque solo fuera publicado con su inicial y fuera motivo de suspicacia.

El artículo, titulado «Asesinato Infantil», decía lo siguiente: «¿Culpable? Sí, no importa cuál sea el motivo, el amor a lo fácil, o el deseo de salvar del ‘sufrimiento’ al inocente no nacido, la mujer es terriblemente culpable al cometer el hecho. Le pesará su conciencia en vida, y le pesará su alma en la muerte ¡Pero oh! Tres veces culpable es el que, por gratificación egoísta, sin prestar atención a las oraciones de la mujer e indiferente a su destino, la llevó a la desesperación que la impulsa al crimen».

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