¡Dios sigue a trayendo a más ovejas a su rebaño!

Hoy quiero compartir con ustedes un emocionante testimonio de Jesús Amanzar, un ex pastor evangélico que ahora es seminarista en la Iglesia Católica. ¡Gloria a Dios por esta y muchas más conversiones!

De Pastor Evangélico a Seminarista Católico

Nací en tierras andinas venezolanas, pero con el pasar de los años me radiqué y crecí en el centro del país, Barquisimeto estado Lara. Mi infancia transcurrió en el seno de la Iglesia Católica, pero a esa edad de 8 a nueve años de edad, mi familia sufrió una grave crisis, a raíz de una tragedia que casi lleva a la muerte a uno de mis hermanos mayores.

Fueron momentos de gran tensión, en los que la fe y el coraje pasan por sus límites de purificación a través del fuego de la prueba, fuego que quema y tiene como fin llevarnos a otro nivel, solo y cuando estamos bien cimentados (1 Pedro 1, 7) en lo que creemos y profesamos, ya que si no hay bases sólidas, y nuestra casa se ha construido sobre la arena, soplaran vientos y la casa se caerá. (S Mateo 7, 24-27)

Fue así que como mis padres nunca consolidaron su fe, ni fueron cercanos a grupos pastorales. Su desconexión con la Iglesia cada día era más notable, y aunque en la casa se rezaba el rosario esporádicamente, la semilla solo caía en el camino, por la falta de un seguimiento real a nuestro caminar de fe, y fue así que las aves llegaron y se comieron la semilla regada, (Marcos 4, 1-9) que de tiempo en tiempo se obtenía al asistir a alguna misa, en bautizos, bodas o por causa de algún difunto.

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Conversión al protestantismo

Ya lo dice la sabia frase; “católico ignorante, futuro protestante”. En esos tiempos de prueba y angustia, llega un familiar que es pastor de una secta pentecostal, y define todo el cuadro familiar, como un gran castigo, producto de ser católicos, por lo que Dios estaba castigando según el pastor evangélico, a mi familia, por lo cual, después de este terrorífico discurso cargado de fatalismo, movió las delgadas emociones de mis padres y nos arrastraron a todos a esta secta protestante ultra-conservadora.

A partir de allí comenzaron los sinsabores en mi vida, experimentar un culto diferente, y recibir la represión para cambiar de golpe las costumbres y tradiciones ya sembradas… pero al pasar de los años y a pesar de que crecí en la secta evangélica “Pentecostal Unida de Venezuela”, mi fe católica siempre estuvo “con buen calor en mi reservado corazón”.

En esta secta me licencié como pastor administrador, dirigí una congregación local en la ciudad de Barquisimeto, Estado de Lara, por un lapso de 6 años aproximadamente, y 15 en total como evangélico protestante.

Muchos me preguntan que, si era una secta radical, ¿cómo logré salir de ella?… ah la respuesta siempre es sencilla, “Fue Jesús y María, quienes me invitaron a seguirlos generosamente”.

De vuelta a casa

La buena formación en mi catequesis cuando niño, forjó mi corazón al amparo de María Santísima. (Proverbios 22, 6) Fue entonces que después de una profunda meditación, oración y el buen testimonio de una amiga católica practicante, llegué a la orilla donde Jesús me esperaba con su barca.

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Esta amiga fue sabia, paciente y muy esmerada, supo sembrar la semilla y esperar con paciencia y esperanza. Siempre fue amable, respetuosa y cercana, nunca intentó “guiarme”. Ella simplemente acompañó mi proceso de vuelta a casa.

Algo que sí llamó mi atención fue que, a pesar de que la Iglesia habla del regreso de los llamados “hermanos separados o esperados” en mi caso fue algo más luchado. Cuando por fin retorne a una parroquia local, encontré cierta resistencia por parte de algunas personas de esas que creen que tú les quitaras alguna participación allí, pero esto lo superé con madures y templanza.

Ya era más que suficiente con la intensa represión y agresión constante que recibía diariamente por parte de los grupos más radicales evangélicos. Al saber de mi opción de vida por la fe católica, fueron duros y críticos y de hecho agresivos. Hay quienes se atrevieron a insultarme y empujarme cuando me veían en la calle… fue todo un proceso duro, pero interesante, ya que el mismo me ayudó a crecer como persona y como cristiano. Los golpes de la vida, definitivamente forjan tu carácter.

Camino al sacerdocio

Después de un año de acompañamiento espiritual y un tiempo de espera y reencuentro con mi fe, inicié un proceso de renovación y activación de mi vocación… de niño soñaba con ser sacerdote, pero la vida, familia y uno que otro por menor, habían detenido el proceso, y ya cuando parecía que todo estaba contado en mi vida, llegó Cristo y escribió nuevamente recto, sobre renglones torcidos… su especialidad, ¡Hacer posible lo imposible!

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Fue allí que nuevamente se alimentó la llama vocacional, e inicié mis ejercicios de preparación en la misma ciudad de Barquisimeto, a partir de allí y mi ingreso al seminario ya para el año 2016, iniciaron muchas dificultades, familia y amigos en contra, mi propio padre se demoró casi tres años para aceptar mi opción de vida al sacerdocio, y hoy por hoy aunque no la acepta, por lo menos la respeta.

Fue así que en este mover de Dios, él fue creando mi propia historia de salvación, por la cual tuve que atravesar duros desiertos, pero nunca estuve solo, la verdad fue que Dios siempre fue mi fortaleza.

Hoy por hoy, estoy en la etapa del pre-noviciado en la Congregación del Santísimo Redentor (C.Ss.R. Redentoristas). Ya a puertas de mi noviciado… y aunque las cosas no todo el tiempo fueron tan fáciles, vale la pena decir y seguir repitiendo… “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4, 13).

Fuente: Rincón de Apologética Católica