Este es el tercer artículo del “Curso de Apologética: demostración de la existencia de Dios”. Para ver el temario haz click aquí.

Con este tema comenzamos con las famosas 5 vías de Santo Tomás de Aquino para demostrar la existencia de Dios, las cuales se encuentran en su gran escrito, «La Suma Teológica».

La primera vía de la que Santo Tomás habla es la del movimiento. Para argumentar la existencia de Dios en este caso, Santo Tomás solamente necesita de un principio: el cambio en los seres. Ese es el fundamento, lo demás se deduce de ahí.

Antes de comenzar la formulación del argumento es preciso hacer una aclaración importante. Cuando Santo Tomás habla del movimiento no se refiere solamente al movimiento físico sino metafísico, tal como lo entendía Aristóteles (Cfr Dante A. Urbina, ¿Dios existe?, Parte II, cap 1).

Dante Urbina explica: «¿Por qué existe el cambio?, ¿por qué existe el movimiento? Estas fueron las preguntas que constantemente acosaron a Heráclito, Parménides, Platón y Aristóteles, siendo este último quien finalmente definió al movimiento como ‘el acto de lo que está en potencia en tanto que potencia’ (Aristóteles, Física, Libr. III, cap. 1) y llegó a la noción de ‘Primer motor inmóvil’ formulando por primera vez esta vía (Cfr. Aristóteles, Metafísica, Libr. XII) que luego adoptara Santo Tomás de Aquino en su metafísica para demostrar la existencia de Dios» (Dante A. Urbina, ¿Dios existe?, Parte II, cap 1).

Entonces, en pocas palabras, el movimiento al que nos vamos a referir es sencillamente el paso del ser en potencia al ser en acto. Por poner un ejemplo: yo estaba en potencia de comenzar a escribir este artículo, ahora estoy en acto; ahí hubo un cambio.

Formulación del argumento

El argumento según está en la Suma Teológica, se formula de la siguiente manera:

«Pues es cierto, y lo perciben los sentidos, que en este mundo hay movimiento. Y todo lo que se mueve es movido por otro. De hecho nada se mueve a no ser que en cuanto potencia esté orientado a aquello para lo que se mueve. Por su parte, quien mueve está en acto. Pues mover no es más que pasar de la potencia al acto. La potencia no puede pasar a acto más que por quien está en acto… Pero no es posible que una cosa sea lo mismo simultáneamente en potencia y en acto; sólo lo puede ser respecto a algo distinto… Igualmente, es imposible que algo mueva y sea movido al mismo tiempo, o que se mueva a sí mismo. Todo lo que se mueve necesita ser movido por otro. Pero si lo que es movido por otro se mueve, necesita ser movido por otro, y éste por otro. Este proceder no se puede llevar indefinidamente, porque no se llegaría al primero que mueve, y así no habría motor alguno pues los motores intermedios no mueven más que por ser movidos por el primer motor… Por lo tanto, es necesario llegar a aquel primer motor al que nadie mueve. En éste, todos reconocen a Dios» (Suma Teológica, Pte 1ra, cuestión 2, art. 3).

Resumamos el argumento, el cual consta de cuatro premisas y la conclusión:

P1: Existe el movimiento, es decir, seres que mueven y que son movidos.
P2: Todo lo que se mueve es movido por otro.
P3: Es imposible una cadena infinita de movimientos, por lo tanto existe un primer motor inmóvil.
P4: Este primer motor inmóvil es Dios.
C: Dios existe.

Existe el movimiento, es decir, seres que se mueven

Es algo evidente para todos nosotros que existen seres que cambian. Ver el movimiento en las cosas a nuestro al rededor es de lo más común.

Vemos cómo se mueve el árbol por el viento, cómo van moviéndose los coches, nosotros mismos nos movemos. Todo esto no son más que pasos de la potencia al acto. El árbol estaba en potencia de moverse, ahora que corre el viento está en acto. El coche estaba en potencia de moverse, ahora que lo van manejando está en acto. Tú estabas en potencia de leer este artículo, ahora que lo estás leyendo estás en acto.

Pasos de la potencia al acto están a nuestra vista una y otra vez.

Todo lo que se mueve es movido por otro

Esto es también algo evidente. Para que algo esté en movimiento, es necesario que otro ser lo haya hecho pasar de la potencia al acto. Pues recordemos que el movimiento del que hablamos es el paso de la potencia al acto.

Si estamos jugando al tiro al blanco con dardos, el dardo no va a llegar solo al objetivo, solamente está en potencia. Para llegar al objetivo es necesario que alguien lo lance, y así estará en acto.

¿Puede algo moverse a sí mismo? Definitivamente no, ya que «mover requiere estar en acto, puesto que mover no es otra cosa que hacer pasar algo de la potencia al acto y ello no puede hacerlo más que lo que está en acto. Pero dado que no es posible que una misma cosa esté a la vez en potencia y en acto respecto a lo mismo, es decir, que sea motor y móvil a la vez, es también imposible que se mueva a sí misma. Luego, debe ser movida por otro» (Dante A. Urbina, ¿Dios existe?, Parte II, cap 1).

Es imposible una cadena infinita de movimientos, por lo tanto existe un primer motor inmóvil

En efecto, si no hubiera un primer motor, no habría serie de movimientos. No basta con postular una cadena infinita con tal de querer escapar de la idea del primer motor, ya que de ser así ¿qué es lo que daría movimiento? No habría una fuente.

Santo Tomás nos da «no una serie lineal hacia el pasado, sino jerárquica hacia aspectos más fundamentales de la realidad, no se puede decir que continúa indefinidamente. Y esto, porque cada eslabón de una serie jerárquica no tiene por sí solo la capacidad de mover a otro, sino que la recibe del anterior. Cuando cada eslabón solo puede transmitir el cambio o movimiento que recibió, y no hay ninguno que lo origine, entonces no se produce ningún cambio» (Pato Acevedo, Explicación de la primera vía de Santo Tomás, artículo en infocatolica.com).

Pero además, una cadena infinita es imposible en sí misma, y este argumento (y similares) lo estaremos utilizando para las demás vías, puesto que parten también de series. El principio es sencillo, estamos actualmente en un punto de la serie de movimientos, eso significa que (por el momento) estamos al final de la serie, lo que nos dice que la serie está terminada hasta ahora. No se puede decir que la serie es infinita, pues sería un infinito finito, lo cual es intrínsecamente un absurdo.

Expliquémoslo con un ejemplo: antes de llegar a mi escuela di un número infinito de pasos. ¿Entienden el absurdo? si realmente hubiese dado un infinito número de pasos nunca habría llegado a mi escuela. De igual modo, si la serie de movimientos fuese infinita no estaríamos en este punto de la serie.

Necesariamente debemos postular un primer motor que sea la fuente del movimiento y que este no haya sido movido por otro, es decir, un primer motor inmóvil.

Este primer motor inmóvil es Dios

Bien ¿cómo sabemos que el primer motor inmóvil es Dios? Porque a Dios se le puede definir como «el Ser Subsistente», es decir, aquél que tiene en sí mismo la plenitud del ser. Y aquí podríamos recordar cuando Dios se reveló a Moisés diciéndole «Yo soy el que soy» (Éxodo 3,14).

El primer motor no necesita que alguien lo pase de la potencia al acto, pues siempre está en acto. Y si siempre está en acto entonces este Ser es acto puro. Si este Ser es acto puro, y el acto es realización del ser, entonces este Ser posee la plenitud del ser.

Pero esperen, dijimos que a Dios se le define como «aquel que posee la plenitud del ser», es decir, el Ser Subistente. Entonces este primer motor inmóvil se corresponde con Dios.

«¿Y quién mueve a Dios?», podría preguntar alguien que no ha entendido en absoluto el argumento. Si ese ser necesita ser movido entonces no es Dios, pues no sería el Ser Subsistente. Entonces, nuevamente las dos opciones: seguimos infinitamente o seguimos hasta llegar a un primer motor inmóvil (es decir, que no precise que lo muevan, si no, no sería el primero). En la argumentación de arriba acabamos de responder a esta cuestión.

Dios existe

Bajo un razonamiento deductivo, demostrando la veracidad de las premisas, se sigue la conclusión de que Dios existe, a menos que se quiera caer en irracionalidad.

Como pudimos notar, de algo evidente (el movimiento) hemos podido concluir la existencia de Dios. Esta es la metodología que toman las vías de Santo Tomás, partir de algo evidente para todos y demostrar que eso que es evidente no tiene fundamento en otra cosa que en Dios.

«La razón no es enemiga de la fe» (Benedicto XVI).

Ad Maiorem Dei Gloriam.