Este es el cuarto artículo del “Curso de apologética: demostración de la existencia de Dios”. Para ver el temario haz click aquí.

                Mando un enorme abrazo a Dante Urbina, reconocido apologeta católico. La explicación que se desarrollara en este artículo deriva principalmente de su gran libro  ¿Dios existe?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Si eres un apasionado de la apologética debes tener un ejemplar de su libro, haz click aquí para poder adquirirlo. Si veo comentarios pidiendo o pasando el libro en versión virtual le recuerdo que es ROBO.

                Para comenzar, es necesario estructurar esta vía para un mayor entendimiento. Su estructura es la siguiente:

  1. En el mundo sensible hay causas eficientes subordinadas entre si
  2. No puede haber una cosa que sea su propia causa, dado que debe ser anterior a si misma lo cual es imposible.
  3. No puede prologarse indefinidamente las causas eficientes, dado que siempre hay causas subordinadas dependientes del influjo de sus predecesoras. Es necesario entonces que exista una primera causa, que no sea causada. La causa primera.
  4. Esta causa primera, no causada ni subordinada por ninguna otra es Dios
  5. Por lo tanto, Dios existe.

En el mundo sensible hay causas eficientes subordinadas entre si

                Heinrich Beck decía: “El ser como tal, no puede proceder del no ser, no puede estar fundamentado en la nada”.  Esto, refiriéndose al principio que estamos explicando, se comprende por la observación y asimilación inmediata de la naturaleza. Henri Poncaire agrega al respecto que “Sin este postulado (el principio de la causalidad de las cosas), la ciencia no existiría”.  Un detalle a destacar es que Santo Tomas de Aquino no toma la causalidad en general, si no la causalidad eficiente. Esto, bajo Aristóteles, es la razón por la cual las cosas contingentes llegan a ser lo que son.

                Entenderemos con causa eficiente como que la existencia de un objeto o cosa son hechas por alguien o por algo.

                El autor (Dante :3) plantea al respecto la siguiente pregunta: ¿por qué toma el aquinate esta faceta de la causalidad como base para su segunda demostración de la existencia de Dios? La respuesta es sencilla, dada su correspondencia con la segunda forma operativa del ser, es para nosotros más entendible después de la vía del movimiento.

No puede haber una cosa que sea su propia causa, dado que debe ser anterior a si misma lo cual es imposible.

                Para tener la base de verdad en esta premisa es necesario acudir a las definiciones generales del principio de causalidad y la causalidad eficiente.

En primer lugar: “Todo ente contingente tiene una causa”. ¿Qué es un ente contingente? Es aquel que depende de otro para existir, con la imposibilidad en todas las formas de ser la causa de sí mismo. Debe ser causado por otro.

En segundo lugar: “Todo lo que comienza a existir tiene causa”. La existencia plena de un ser depende plenamente de un momento de inexistencia, pero dado que “nada sale de la nada”, no puede ser causado por sí mismo por el simple hecho de que aún no posee el carácter de existente. Por lo tanto, debe ser causado por otro.

Ampliando en concepto de causalidad eficiente, Dante argumenta: “Todo lo que podría ser de varios modos y es de un determinado modo, ha de tener una causa para ser del modo que es”. Si un objeto fuera causa de su modo tendría que existir. Pero, dado que se trata de un ser determinado existente, ya no podría ser causa de su modo de existencia, su modo de existencia debe ser causado por otro.

No puede prologarse indefinidamente las causas eficientes, dado que siempre hay causas subordinadas dependientes del influjo de sus predecesoras. Es necesario entonces que exista una primera causa, que no sea causada. La causa primera.

               Santo Tomas de Aquino explica la imposibilidad de la existencia de una cadena infinita de causas eficientes, dado que en un orden concatenado de causas eficientes la creación de un determinado efecto implica en todos los casos el arranque de toda una serie de causas subordinadas entre si. En tal caso de que esta serie fuera infinita no sería posible lograr una causa, dado que tendría que pasar por un proceso infinito de causalidad, lo cual es imposible. Cabe añadir que es necesaria que la serie de causas sea finita, por lo tanto, sin importar las causas existentes en la serie, debe haber una causa primera, una causa incausada.

Esta causa primera, no causada ni subordinada por ninguna otra es Dios

                Desarrollaremos ambos términos de esta premisa.

                Se entenderá por primera causa a la “Primera causa incausada”, aquella que contribuye como principio de las causas eficientes. Es la causa de todas porque inicia toda actividad causal. Por lo tanto, es cualitativamente distinta a las demás dado que no necesita de ninguna otra. Esto nos lleva a identificar esta primera causa con Dios dado que posee total autonomía, su propia actividad causal y posee de forma plena  absoluta su propio ser, no es un ser más dentro de la línea de causas, el Ser Subsistente, lo cual es la definición justa de Dios. Por lo tanto, la primera causa es Dios.

                Dada la demostración de manera lógica racional de que la Primera Causa se identifica de manera plena con Dios, con su definición exacta, con su naturaleza subsistente e iniciador de las cosas naturales o causas. Se debe aceptar de manera lógica que Dios es la Causa Subsistente. Por lo tanto, Dios existe.

                “El primer trago de la copa de las ciencias naturales te volverá ateo; pero en el fondo de esa copa te espera Dios”. Werner Karl Heisenberg, Nobel de Física.

                Ad Maiorem Dei Gloriam.