El cardiólogo italiano Franco Serafini realizó recientemente un estudio en el que analizó 5 milagros eucarísticos. Luego de hacerlo su conclusión es sorprendente: “Un diagnóstico clínico preciso, puntual y detallado que coincide perfectamente con lo que leemos en los Evangelios”. Entérate de los detalles que lo llevaron a esta extraordinaria conclusión.

En su libro “Un cardiólogo visita a Jesús. Los milagros eucarísticos, examinados por la ciencia“, Franco Serafini detalla los resultados de sus estudios. Allí detalla que en las hostias consagradas que él mismo estudió pudo encontrar “tejido de un corazón sangrante, que pertenece a un hombre joven, golpeado y condenado, oprimido por un estrés severo de tipo psíco-físico y que, desde hace dos días, se encuentra suspendido entre la vida y la muerte”.

Este prestigioso médico italiano pudo constatar una curiosa coincidencia en todos los milagros eucarísticos que analizó. “Cinco informes hematológicos, procedentes de materiales distintos, separados entre ellos por épocas históricas muy lejanas, por distancias geográficas -incluso transoceánicas-, cuatro de los cuales nos han llegado de épocas en las que se desconocía qué eran los grupos sanguíneos y, por lo tanto, a mayor razón, imposibles de falsificar… pues bien, los cinco, según los datos repetidos más de una vez con metodologías distintas y en laboratorios distintos, pertenecen siempre al grupo sanguíneo AB“.

Más allá de la ciencia

Es cierto que es emocionante ver cómo aquellos milagros que siempre hemos aceptado por fe ahora son comprobados poco a poco por la ciencia. Pero la fe, que es un don de Dios, va más allá.

Aunque no existieran aquellas extraordinarias manifestaciones en las que el pan y el vino consagrados se convierten visiblemente en un trozo de carne y en gotas de sangre, los católicos seguiríamos creyendo que allí sigue ocurriendo el más grande milagro eucarístico de todos: la transubstanciación.

Aunque ocultos a nuestros sentidos, Cristo se sigue haciendo presente allí en cada Santa Misa. Y estamos convencidos de eso no por uno o mil estudios científicos. Estamos convencidos de ese milagro porque le creemos a Jesús cuando dijo que ese era su Cuerpo y su Sangre. La fe nos basta y sobra.