Cada vez es más frecuente escuchar el siguiente diálogo entre jóvenes:

– Oye, te cuento, estoy con enamorado(a)

– ¿En serio? Qué chévere y ¿hace cuánto tiempo lo(a) conoces?

– Hace un par de semanas…

Obviamente cuando la relación termina encontramos frases como: “Cómo cambió de cuándo lo(a) conocí”, “No pensé que fuera realmente así”, “Me equivoqué al escogerlo(a)” y miles de frases por el estilo. Pareciera que ante un mundo que cada vez anda más rápido, el tema de empezar una relación no se queda atrás.

Pero, ¿por qué esa prisa de querer estar con alguien? Para algunos, tal vez su baja autoestima hace que busque estar con alguien pronto para “no sentirse sola(o)”.

En muchos aspectos importantes de la vida, sabemos con certeza que las cosas no pueden o no deben darse a la loca para poder llevarse de la mejor manera, pero en el caso de las relaciones de pareja pareciera que muchos no lo tuvieran muy claro o es que en el fondo para ellos ¿éstas no les parecen importantes?

Consideramos que la amistad es la condición previa indispensable para una relación de pareja estable y duradera.

Para sostener esto primero es pertinente definir la amistad como el vínculo de amor generoso entre dos o más personas. Que exista un amor generoso entre dos personas implica que en cada uno lo que prevalece es el deseo del bien del otro, es decir, buscar desinteresadamente el bienestar del otro, dejando de lado el egoísmo y cualquier intención de aprovecharme o utilizar a la otra persona para mi propio bien.  Para que haya amistad no basta que uno ame al otro, es necesaria la reciprocidad, ambos deben amarse con amor generoso para que la amistad sea duradera.

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Para tener la certeza de que el otro se muestra ante mi tal cual es y de que puedo llegar a conocerlo y aceptarlo verdaderamente, primero debe ser mi amigo, un amigo incondicional, quien de tener el mismo sexo que yo, sería mi mejor amigo. Alguien que me inspire total confianza, pero que no siempre me da la razón si no la tengo, con quien pueda reír, llorar, con quien no sienta vergüenza de aceptar mis errores, con aquel que puedo conversar horas y horas, aquel que se preocupa por mi y que es capaz de renunciar a sus gustos y preferencias para que yo sea feliz.

Desde nuestra experiencia, un amigo así es sin duda el gran amor de nuestras vidas.

Existe una pregunta frecuente respecto a este tema: ¿Pueden ser amigos verdaderos el chico y la chica que desde el primer momento de conocerse sintieron una fuerte atracción física? Como todo en nuestra vida, existe una lucha interna entre el yo egoísta que quiere a toda costa la cercanía del otro, y el yo generoso que pensará primero en el bienestar del otro. Depende únicamente de cada persona sostener los valores y virtudes que ayudaran a decidir lo correcto.

Como pequeño consejo, es más fácil sostener un amor generoso desde una experiencia cercana a Dios, quien es el más grande ejemplo de amor, porque “No hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos”(Jn 15, 13)

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