Hace unos días, andábamos caminando por la calle y vimos a una madre decirle a su pequeño: “Deja de hacer eso, YA ME TIENES HARTA”.

Aunque parezca exagerado, toda crítica negativa o peyorativa que podamos recibir en el transcurso de nuestra vida influye consciente o inconscientemente en el desarrollo de nuestra personalidad, en la valoración que podamos tener de nosotros mismos. Desde nuestros padres, hermanos, o cualquier otro familiar; así como desde compañeros del colegio, instituto, universidad, amigos u otras personas nos han podido decir cosas hirientes, logrando que de alguna manera nos condicionemos a creer que no tenemos ningún valor y que somos poca cosa. Si una persona ha sido constantemente “atacada”, siendo blanco constante de frases como “Eres un inútil”, “No sirves para nada”, “¡Torpe!”, “¿Porque no puedes ser como tu hermano?”, es muy posible que esta persona se rechace a sí misma, o incluso llegue a odiarse.


La imagen o concepción que tenemos de nosotros mismos, así como el propio valor que nos damos, es un factor clave para la felicidad personal. Tenemos, a veces, una opinión de nosotros mismos tan pobre que hasta vivimos auto saboteando nuestra propia felicidad.

Autoestima

La autoestima es la confianza en nuestra capacidad de pensar, en nuestra capacidad de enfrentarnos a los desafíos de la vida; la confianza en nuestro derecho a triunfar y a ser felices, el sentimiento de ser respetables, de ser dignos, y de tener derecho a gozar del fruto de nuestros esfuerzos.

Dos componentes importantes de la autoestima son la dignidad y la integridad de cada persona.

Dignidad personal:

Como personas unimos en nosotros mismos, el cuerpo y el alma. Tenemos razonamiento y voluntad, conciencia y libertad. Todo esto hace que como personas tengamos dignidad.

Integridad personal:

La integridad consiste en la integración de ideales, convicciones, normas, creencias, por una parte, y la conducta por otra. Cuando nuestra conducta es congruente con nuestros valores, cuando concuerdan los ideales y la práctica, tenemos integridad. La integridad significa congruencia, concordancia entre las palabras y el comportamiento.

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Para tener una autoestima saludable debemos…

1. Conocernos a nosotros mismos.

Conocerse supone entrar dentro de sí mismo y examinarse. Establecer todos aquellos elementos que integran tu persona: ideas, sentimientos, convicciones, valores, creencias, entre otros. Es el saber cómo es uno realmente, cómo es tu carácter, tus actos y reacciones, es el saber en qué eres bueno y en qué no tanto. Conocerte es desnudar tu alma frente a ti mismo, sin disfraces, sin nada que distorsione lo que realmente eres.

2. Aceptarnos como somos.

El segundo paso es autoaceptarnos, aceptar la imagen real de lo que somos. Cada uno de nosotros somos diferentes a los demás, cada uno tiene habilidades y capacidades así como también debilidades y limitaciones. Cada uno es distinto físicamente a los demás y aunque el mundo nos ha querido imponer estereotipos no existe la perfección física.

Les compartimos la siguiente fábula que nos ayudará a ilustrar mejor este punto:

“Los  animales del bosque se dieron cuenta un día que ninguno de ellos era el animal perfecto: los pájaros volaban muy bien, pero no nadaban ni escarbaban; la liebre era una estupenda corredora, pero no volaba ni sabía nadar. Y así todos los demás. ¿No habría manera de establecer una academia para mejorar la raza animal? Dicho y hecho. En la primera clase de carrera, el conejo fue una maravilla, y todos le dieron sobresaliente; pero en la clase de vuelo subieron al conejo a la rama de un árbol y le dijeron: “¡Vuela, conejo!” El animal saltó y se estrelló contra el suelo, con tanta mala suerte que se rompió dos patas y fracasó también en el examen final de carrera. El pájaro fue fantástico volando, pero le pidieron que excavara como el topo. Al hacerlo se lastimó las alas y el pico y, en adelante, tampoco pudo volar; con lo que ni aprobó la prueba de excavación ni llegó al aprobadillo en la de vuelo.

Convenzámonos: un pez debe ser pez, un estupendo pez, un magnifico pez, pero no tiene porque ser pájaro. Un hombre inteligente debe sacarle la punta a su inteligencia y no empeñarse en triunfar en deportes, en mecánica y en arte a la vez… porque sólo cuando aprendamos a amar en serio lo que somos, seremos capaces de convertir lo que somos en una maravilla”.

3. Confiar en uno mismo

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El último paso es la autoconfianza, tener seguridad de uno mismo, creer en las capacidades personales, saber lo que realmente vale y no dejarse acobardar por las dificultades. No tener miedo a equivocarse, recordar nuestra condición humana de no ser perfectos, saber afrontar los retos.

Una opinión pobre de nosotros mismos en una relación con los demás.

No es difícil ver la importancia de la autoestima para triunfar en el terreno de las relaciones íntimas, pues en cada “nosotros” tiene que haber necesariamente dos “yo” y ambos con una sana imagen de sí mismos.

Una pobre opinión de uno mismo es el mayor obstáculo para una buena relación con los demás. Ella hace que me fije demasiado en mis defectos y me impide centrarme en la otra persona, para comprenderla y formar con ella un verdadero “nosotros”.

También hemos visto muchos casos de personas que por no respetarse a sí mismas, permiten que la pareja haga de ellos lo que quiera. Todo esto, a veces por miedo a no quedarse solos, pues “no creo que nadie más pueda amar a alguien como yo”.

Si disfruto de un sentimiento fundamental de eficacia y valía y me considero a mí mismo digno de ser querido, entonces tendré fundamento para apreciar y querer a los demás. La relación amorosa parece algo natural. Tengo algo para dar; no estoy atrapado en sentimientos de carencia; tengo un “excedente” emocional que puedo canalizar en el amor. Pero si me falta el respeto a mí mismo y no disfruto como soy, me queda muy poco para dar excepto mis necesidades insatisfechas. Mi capacidad para amar permanecerá sin desarrollar, pues si no me amo a mí mismo, seré incapaz de amar a los demás.

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Si no me siento digno de ser amado, será difícil creer que alguien me ame. Si no me acepto a mí mismo, ¿cómo puedo aceptar que me amen? Pienso “lo que tú sientes por mí no puede ser real o duradero”.

Por otro lado, si los dos tenemos una pobre imagen de nosotros mismos causada por años de crítica de parte de nuestros padres y compañeros, estaremos constantemente observándonos a nosotros mismos y descubriendo deficiencias. Pero una vez que nos liberemos mutuamente de este egocentrismo causado por la poca estimación de sí, cada uno será libre de centrar su vida en el otro.

El desafío al que nos enfrentamos hoy en día, es mantener en alto nuestros valores, ser personas íntegras y dignas, aunque en nuestro entorno nadie actúe de esta forma. Por otro lado, es importante aprender a perdonar a quienes nos hirieron sin querer. Desde nuestra experiencia personal la mejor manera de perdonar y superar nuestros propios complejos es a través del Amor de Dios, que es tan perfecto que tiene la capacidad de sanarnos.