Cuando se empieza una relación de pareja, es muy común tener mucha ilusión. Nuestro organismo y nuestro cerebro nos hacen experimentar a veces el estar “caminando sobre nubes” cuando se está junto a la persona amada. Tener este tipo de sensaciones no son negativas, pero hay que tener mucho cuidado pues dejarnos llevar por estas puede llevarnos a cometer uno de los errores del enamoramiento.

Te gusta el chico/a, te sientes tan bien con él/ella. Lo miras llegar y sientes cómo te flaquean las piernas y el corazón palpita como bombo de estadio. Puede ser que hayas perdido la cabeza por alguien que ni siquiera conoces bien. Tal vez has caído en la idealización del otro.

Cuando idealizamos a la pareja todo lo convertimos sin saber en un gran espejismo. Las chicas ven en el chico al príncipe de sus sueños encarnado. Los chicos ven en la chica a la mujer maravillosa que los consentirá en todo. Le atribuimos cualidades y virtudes que por lo general no tienen o están muy lejos de tener; y hasta en algunos casos nos esforzamos en hacer que la otra persona sea como el personaje perfecto que imaginamos que sea.

Si alguna amistad nos dice algo negativo o nos quiere mostrar algún defecto de tu pareja “perfecta” no le creemos o pensamos que hablan por envidia. A veces nos dejamos cegar por lo que sentimos, y si llegas a detectar o reconocer un “pequeño” error en él/ella pues crees que es “manejable” o que con “amor lograré que cambie”.

Cuando idealizamos a la pareja le atribuimos cualidades y virtudes que tal vez no tengan.

El amor verdadero no es un tema de Cupido ni un golpe de suerte… no existe la persona perfecta, la que mágicamente encaje en tu forma de pensar y sentir. Uno tiene que luchar por el amor de verdad. El amor de verdad se construye entre dos personas afines, que se conocen (recordemos que siempre es bueno ser primero amigos) y que se aceptan con sus virtudes y defectos. El amor crece y se afianza teniendo como bases la comunicación, el ser auténticos y el sincero deseo de dar lo mejor de sí al otro, entre otras cosas. Hay que luchar juntos por el amor, si uno no se esfuerza no lo podrá obtener. Como lo hemos escuchado muchas veces de nuestras abuelas o mayores: “Si quieres celeste, que te cueste”.

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