Hace poco tiempo Nueva York fue noticia, al ser el primer lugar de Estados Unidos en aprobar la «interrupción del embarazo» prácticamente irrestricta, aun de niños de término. Esto es, aun si la madre se encuentra en trabajo de parto y el niño se encuentra vivo, puede realizarse la «interrupción», si la madre alega «razones de bienestar». Una descripción tan escueta que no es difícil darse cuenta que es una manera encubierta de permitir el infanticidio.

La Reproductive Health Act (Ley de Salud Reproductiva) fue aprobada por 38 votos contra 24, precisamente en la fecha del aniversario del icónico fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos de Roe vs Wade, que sería el que en 1973 daría luz verde a los Estados norteamericanos para aprobar leyes y permitir los abortos, en ciertos casos hasta los 6 meses de gestación.

En este contexto, no pocos médicos, profesionales de la salud, madres y padres de familia demostraron su descontento e indignación. Pero entre todas las historias hay una que resuena con especial fuerza, que demuestra los verdaderos y nefastos motivos que llevan a aprobar esta clase de leyes. Jami Marie es una esposa y madre de 6 niños que, en el marco de la aprobación de esta ley, decidió romper el silencio, y contar su experiencia con su último embarazo en un post de Facebook.

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«13 semanas. De ese tiempo estaba cuando me enteré que iba a tener gemelos.» Comienza a relatar. Y agrega que una semana después los médicos le aseguraron que el embarazo no era viable. «El bebé B no va a lograrlo, y estás poniendo al bebé a en serio peligro mientras más esperas para terminarlo»

La madre cuenta que, si bien la noticia la dejo en shock, algo muy en lo profundo le decía que el médico se equivocaba. Decidió pedir una segunda opinión… Y una tercera… Pero parecía que todos los médicos se habían puesto de acuerdo en «¡Si me habrán puesto presión! Casi como si recibieran alguna clase de comisión.» Nos revela Jami, dejando entrever una realidad incómoda que la multinacional del aborto «International Planned Parenthood Federation» y su extensa franquicia se niegan a admitir: el aborto es un negocio, y uno muy rentable.

Sin embargo, Jami no se dió por vencida «¡Claro que no iba a «acabar con esto» sólo porque sonaba como una buena idea!» Luego pasa a relatar lo difícil de tener que transitar su embarazo sin poder decirle a nadie que quizás sus dos niños morirían. Sin el apoyo de los médicos y guardando silencio ante su familia y amigos, se dispuso a transitar los siguientes meses.

«Día a día… semana tras semana logramos llegar a 34 semanas. (…) Di a luz a dos de los más hermosos y perfectos bebés que jamás haya visto. El bebe A pesó 1 kilo 880 gramos, y el bebé B -aquel que «nunca lo lograría»… el bebé que en el útero tenía 0% de probabilidades de sobrevivir- contra todo pronóstico, probó tener una fuerza que jamás hubiera creído si no la hubiera visto con mis propios ojos, bendiciendo a este mundo con sus 1 kilo 310 gramos…»

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Esta conmovedora historia deja al descubierto una verdad dificil de digerir. Especialmente para aquellos que estudian medicina o cualquier otra ciencia médica y tienen el deseo de salvar vidas, y no de extinguirlas: hay personas allá afuera que, por unos cuántos dólares manchados de sangre, son capaces de asesinar a alguien que no puede defenderse. Hay «médicos» y «enfermeras» (entre comillas porque ese nombre les queda muy grande) que, por una comisión son capaces de mandar a la sala de ejecución a pobres inocentes, que ni siquiera han nacido aun.

«Y aquí estamos. Casi 2.5 años después. Pensar que tan diferente hubiera sido mi vida si hubiera escuchado a uno solo de todos esos doctores. ¿¡Pensar que el día qué les di a luz podría AUN haber tomado otra decisión!? No lo entiendo. Y no quiero entenderlo.» Termina de narrar la mujer, y cierra esta hermosa historia con los hashtags:

#parasiempremimejordecision
#gemelosparaganar
#quelepasoalahumanidad