En estos días se oye con fuerza la propuesta por una «Iglesia con rostro amazónico», que busca una «conversión ecológica», y que «la Pachamama sufre por los pecados del hombres».

Les voy a ser sincero. Yo entiendo muy poco o nada de este nuevo lenguaje. Este tío memes comete el pecado de seguir creyendo que la prioridad de la Iglesia no debe ser el cuidado de las plantas, sino de las almas.

Pero en un casi sincero esfuerzo por adecuarme al signo de los tiempos (de estos confusos tiempos) me he animado a escribir 5 propuestas litúrgicas para tener una Iglesia más ecológica. Por favor, nada de lo que vayan a leer lo tomen ni en broma ni en serio. No es mi intención ser ni lo uno ni lo otro. La verdad es que no sé ni por qué escribo esto.

Primera propuesta: Menos guitarras en Misa

En su obra «Solo necesitamos» los genios de Les Luthiers se hicieron dos preguntas con muy acertadas respuestas:

– ¿Por qué no hay madera para hacer guitarras?
– Porque talan los árboles.
– ¿Y por qué talan los árboles?
– Para hacer guitarras.

Así que estoy convencido que una Iglesia sinceramente preocupara por la tala indiscriminada de árboles debería reducir el uso de guitarras (acústicas y eléctricas) en sus actividades litúrgicas. Aplíquese el mismo criterio para otros instrumentos asesinos de nuestros bosques como los bombos, panderos, zampoñas, quenas, charangos, erkes, etc.

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Segunda propuesta: Utilizar casullas tradicionales

Es bien sabido que las nuevas casullas de corte gótico, tan populares luego de las reformas litúrgicas postconciliares, utilizan más tela que las antiguas con forma de guitarra.

Si deseamos una Iglesia verdaderamente preocupada por el medio ambiente, sería buena idea volver a las antiguas casullas y así reducir el impacto en reino vegetal que implica su fabricación con algodón o seda.

A propósito, no estaría nada mal dejar de fabricar nuevas casullas para volver a utilizar aquellas que hoy son exhibidas como piezas de museo o abandonadas en el rincón más sucio y polvoriento de ciertas sacristías.

Tercera propuesta: Volver a usar los púlpitos

Si visitamos un templo católico antiguo notaremos una especie de balcón hacia un lado elevado de la nave principal. Ese balcón, hoy inutilizado casi en todas las Iglesias, se llamaba púlpito y desde allí los sacerdotes predicaban la palabra de Dios ya sea en sermones o en sus homilías.

Lo curioso es que estos púlpitos, además de bonitos, eran muy funcionales ya que fueron creados en tiempos en los que todavía no existía la electricidad y se necesitaba de una estratégica ubicación del sacerdote para que fuera escuchado por toda su grey.

Por eso propongo que, con el fin de reducir el consumo de energía eléctrica proveniente de la absurda quema de combustibles fósiles que atentan contra el medio ambiente, los sacerdotes vuelvan a subir a dichos púlpitos a predicar sin micrófono ni amplificadores.

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Cuarta propuesta: Volver a construir Templos con vitrales

En la misma línea de ahorro de energía eléctrica expuesta en el punto anterior, es conveniente que nuestros templos vuelvan a lucir sus espléndidos vitrales. De nuevo, no son cosas colocadas allí por lujo o simplemente por belleza.

Los vitrales servían para que la luz natural de «Taita Inti» pase graciosamente a través de ellas iluminando sutilmente el interior. Ningún bombillo ahorrador o led consumirá menos energía que la que ya nos da la sabia madre naturaleza.

Quinta propuesta: Recuperar el canto gregoriano

El canto gregoriano tiene la peculiaridad de no requerir instrumentos musicales, por lo tanto es 100% amigable con el medio ambiente ya que para su ejecución sobra cualquier tipo de artefacto que deba usar energía eléctrica.

Si se desea acompañar este canto con algún órgano eléctrico, siempre se puede utilizar uno construido con plástico reciclado para compensar un poco el uso de electricidad.

Nota final

No espero que estas propuestas sean tomadas en serio por ningún sínodo, pero al menos me he divertido escribiéndolas. Paz.