Las bodas son muy emocionantes. Hay mucho de romántico, es cierto, pero también mucho de sagrado. También en internet hay mucha información de lo que se puede o no se puede hacer, pero la mayor parte escritas por gente que ve esto como un negocio y no precisamente como un sacramento.

Así que me he animado a elaborar una lista por si estás pensando en casarte pronto y en verdad quieres hacer las cosas bien. Ten por seguro que te servirá al menos para evitar que el sacerdote los corrija en público. ¡Comencemos!

1) Alterar el «protocolo»

En cualquier tipo de reuniones el protocolo sirve para que las ceremonias se lleven de forma ordenada y todos puedan disfrutar mejor del espectáculo. En cambio, la Misa no es un espectáculo, por eso al hablar del orden dentro de ella no hablamos de protocolo sino de rúbricas litúrgicas.

Por ejemplo, no son pocos los novios que sueñan con que el sacerdote, luego de darles la bendición, le diga al esposo «ya puede besar a la novia». ¡Sorpresa! Esa parte tan famosa en las bodas de telenovela no existe en el rito del matrimonio. Así que no le pidas al sacerdote que lo diga, por favor.

Los mismo podemos decir de las famosas «sorpresas» que se inventan los novios en medio de la Misa (canción de la novia al novio, palabras de algún familiar, coreografías de los pajes, etc). Si no está en el Misal, no va.

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2) Vestimenta indecorosa

A riesgo de que me digan machista, creo que con esto incomodaré a un par de damas lectoras.

Los hombres invitados a las bodas no solemos hacernos muchos problemas con la vestimenta: nos bañamos, vestimos nuestro ventiúnico terno (ese que nos sirve para graduaciones, velorios, bodas, entrevistas de trabajo, fiestas, etc) y ya estamos listos. Y qué bueno que sea así porque un terno siempre es modesto y elegante.

En cambio muchas damas (no todas, por supuesto) suelen ir a la boda con vestido de noche, ya que no se cambiarán para ir luego a la fiesta. Por eso no es raro ver en las bodas a mujeres entrando a Misa con un escote frontal que termina en el ombligo y un escote posterior que termina donde la espalda comienza a cambiar de nombre. Amigas mías, eso no se vale.

Tanto hombres como mujeres debemos tener en cuenta que estamos entrando a un lugar sagrado. Uno no va en chanclas a trabajar a la oficina, con abrigos a la playa, y mucho menos sin modestia a un templo.

3) Fotógrafos imprudentes

«¡Bájese del presbiterio!», Todo sacerdote lo ha dicho al menos una vez en su vida cuando le ha tocado oficiar una boda.

Por el afán de querer lograr una toma más espectacular, algunos fotógrafos tampoco toman en cuenta que hay espacios en el templo reservados para el tránsito del sacerdote celebrante y sus ayudantes (monaguillos, acólitos, diáconos, lectores, etc).

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Por eso es recomendable que los que trabajen en la grabación de bodas tengan algo de preparación o que al menos se animen a conversar con el sacerdote antes de la boda para solicitar algún tipo de espacio donde pueda trabajar sin perturbar la celebración de la Misa.

4) Música no litúrgica

Si deseabas que en tu boda suene «Hasta mi final» de Il Divo, «Sabes» de Reik, «Por ti me casaré» de Eros Ramazzotti, o «Mi corazón encantado» de Dragon Ball GT, te tengo una noticia ¡Ninguno de esos cantos son litúrgicos!

Tal vez en este punto te convenga leer mis artículos «¿Dónde encuentro cantos litúrgicos para no meter la pata en Misa?» y «3 tips para saber si un canto es apropiado para la Misa«.

5) «¿A qué hora se acaba esto?»

Por lo general el rito del matrimonio está integrado en la celebración de la Santa Misa. Si es una boda en la forma ordinaria del rito romano, el rito del matrimonio ocurre entre la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística. Si se trata de una boda en la forma extraordinaria del rito romano, esta ocurre antes de que comience la Misa.

En ambos casos, el hecho de que el rito esté integrado a la Misa es muy significativo. El la primera Misa que ambos novios vivirán como esposos. ¡Es un momento espiritual muy fuerte!

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Queda muy feo ver a familiares mirando el reloj mientras preguntan a uno y a otro «¿a qué hora termina esto?»; peor aún los que sales un rato del templo a fumar un cigarrillo o «a comprar arroz» para escaparse de la Misa.