Ya nos acercamos a la Semana más importante del año, la Semana Santa, que comienza con la tradicional celebración del Domingo de Ramos. Y para ayudarte a sacarle todo el provecho a este gran día, hoy te contaremos 5 cosas que deberías saber sobre el Domingo de Ramos.

1) Se llama «Domingo de Ramos» o «Domingo de Pasión»

Lleva el nombre de «Domingo de Ramos» porque en este día se conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, cuando la multitud lo recibió con alegría con ramos de hojas de palma (Juan 12, 13).

También es llamado «Domingo de Pasión» porque este día se lee todo el pasaje bíblico de la Pasión de nuestro Señor. Esto se debe a que es el único domingo en el que se puede leer esta lectura, ya que el siguiente se lee el de la resurrección.

2) Puedes guardar los ramos que usaste durante la procesión

El Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia menciona que «A los fieles les gusta conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo, los ramos de olivo o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la procesión».

Eso es válido ¡pero ten mucho cuidado! Los Ramos no son amuletos que «cuidan la casa». Son objetos bendecidos que nos traen a nuestra memoria que así como Jesús fue recibido gozosamente en Jerusalén, así también debe ser recibido en nuestros hogares.

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2) El burro no es un signo de pobreza, sino de realeza

Solemos creer que Jesús quiso entrar a Jerusalén sobre un burro como demostración de su pobreza, pero la realidad es totalmente distinta.

El Papa Emérito Benedicto XVI explica en su libro “Jesús de Nazaret: desde la entrada en Jerusalén a la resurrección” que Jesucristo reclamó el derecho de los reyes, conocido a lo largo de la antigüedad, de demandar modos de transporte particulares.

El uso de un animal (el burro) en el que nadie se había sentado aún es un indicador más del derecho de la realeza. Jesús quería que su camino y su accionar sean entendidos en términos de las promesas del Antiguo Testamento cumplidas en su persona.

3) «Hossana» es una oración profética

En el tiempo de Jesús esta palabra tenía matices mesiánicos. En la aclamación de Hosanna se expresan las emociones de los peregrinos que acompañan a Jesús y a sus discípulos: la alabanza alegre a Dios en el momento de la entrada procesional, la esperanza de que la hora del Mesías había llegado.

Al mismo tiempo era una oración que indicaba que el reinado davídico, y por lo tanto el reinado de Dios sobre Israel, sería restablecido.

4) La multitud que aplaudió la llegada de Jesús no es la misma que exigió su crucifixión

En su libro, Benedicto XVI argumenta que en los tres evangelios sinópticos, así como en San Juan, se deja claro que quienes aplaudieron a Jesús en su entrada a Jerusalén no fueron sus habitantes, sino las multitudes que lo acompañaban e ingresaron a la Ciudad Santa con él.

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Este punto se hace más claramente en el relato de Mateo, en el pasaje que sigue al Hosanna dirigido a Jesús: “Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se agitó diciendo: ¿Quién es este? Y las multitudes decían: Este es el profeta Jesús de Nazaret de Galilea” (Mt 21, 10-11).

Las personas habían oído hablar del profeta de Nazaret, pero no parecía tener ninguna importancia para Jerusalén, y la gente allí no lo conocía.

5) El relato de la Pasión goza de una especial solemnidad en la liturgia

La Carta de Fiestas Pascuales dice lo siguiente en el numeral 33:   

“Es aconsejable que se mantenga la tradición en el modo de cantarla o leerla, es decir, que sean tres personas que hagan las veces de Cristo, del narrador y del pueblo. La Pasión ha de ser proclamada ya por diáconos o presbíteros, ya, en su defecto, por lectores, en cuyo caso, la parte correspondiente a Cristo se reserva al sacerdote».

En la proclamación de la Pasión no se llevan ni luces ni incienso, ni se hace al principio el saludo al pueblo como de ordinario para el Evangelio, ni se signa el libro. Tan solo los diáconos piden la bendición al sacerdote.

Para el bien espiritual de los fieles conviene que se lea por entero la narración de la Pasión, y que no se omitan las lecturas que la preceden”.

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Fuentes: National Catholic Register y ACI Prensa.