La Iglesia cree en la infalibilidad papal. Esto significa que el Espíritu Santo asiste al Papa (a todos los papas en la historia de la Iglesia) para que no cometa errores cuando él promulga a la Iglesia una enseñanza en temas de fe y moral bajo el rango de solemne definición pontificia o declaración ex cathedra.

Esta infalibildad no es aplicable a las opiniones del Papa o a sus decisiones pastorales o disciplinares. Estas pueden ser acertadas o no, y por eso no son pocos los santos que han tenido que salir al frente a corregir al sumo pontífice cuando fue necesario.

En este artículo te presento a 3 santos que no dudaron en corregir al Papa.

San Pablo corrige a San Pedro

El primer Papa en ser corregido por un santo fue precisamente el primer Papa de toda la historia: el apóstol Pedro. Este hecho es contado por el propio San Pablo en su segunda carta a los Gálatas:

“Mas cuando Cefas (San Pedro) vino a Antioquía le resistí cara a cara, por ser digno de reprensión. Pues él, antes que viniesen ciertos hombres de parte de Santiago, comía con gentiles; más cuando llegaron aquellos se retraía y se apartaba, por temor de los que eran de la circunsición. Y los otros judíos incurrieron con él en la misma hipocresía, tanto que hasta Bernabé se dejó arrastrar por la simulación de ellos. Mas cuando yo vi que no andaba rectamente, conforme a la verdad del Evangelio, dije a Cefas (Pedro) en presencia de todos: ‘Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿cómo obligas a los gentiles a judaizar?’. Nosotros somos judíos de nacimiento y no pecadores procedentes de la gentilidad; mas sabiendo que el hombre es justificado, no por obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, nosotros mismos hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la Ley; puesto que por las obras de la Ley no será justificado mortal alguno”. (Gálatas, Cap II, vers. 11-16).

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San Sofronio corrige al Papa Honorio I

En el siglo VII se popularizó una peligrosa herejía dentro de la Iglesia llamada monotelismo. Esta herejía proponía que Cristo no tenía voluntad humana, así que cuando el Papa Honorio I tomó posesión de la sede muchos cristianos de buena fe esperaban que él la condenara públicamente.

Este silencio del Papa Honorio I fue interpretado por muchos como un apoyo a esta herejía, así que San Sofronio, quien en aquel entonces era patriarca de Jerusalen, se armó de valor y envió a Esteban a hablar con el Papa con la siguiente misión:

«Ve a la Sede Apostólica, base de toda la doctrina revelada, e importuna al Papa hasta que se decida examinar y condenar la nueva doctrina».

Esteban obedeció y permaneció en Roma diez años, hasta que el Papa San Martín I, condenó la herejía monotelita, en el Concilio de Letrán, el año 649.

San Hilario de Poitiers corrige al Papa Liberio

En el siglo IV, con el silencio de casi todo el episcopado, la naturaleza humana y divina de Jersucristo fue traicionada en favor de afirmaciones doctrinales ambiguas del semi-arrianismo, una traición en la que incluso el Papa Liberio participó por un corto período de tiempo.

San Atanasio nunca se cansó de denunciar públicamente tal ambigüedad. Por eso el Papa Liberio lo excomulgó en el año 357 «pro bono pacis«, es decir, «por el bien de la paz», para tener paz con el emperador Constancio y los obispos semi-arrianos del Este.

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San Hilario de Poitiers informó este hecho y reprendió al Papa Liberio por su actitud ambigua. Es significativo que el Papa Liberio, a diferencia de todos sus predecesores, fue el primer papa cuyo nombre no se incluyó en el Martirologio Romano.