Todos sabemos que el bautismo es el primero de los sacramentos que recibimos los cristianos. Probablemente hayas sido bautizado siendo apenas un bebé o tal vez cuando ya tenías uso de razón. En cualquiera de los casos ¿sabías que en el momento que te bautizaron, ocurrieron 3 maravillosos milagros?

De hecho, puede que hasta más, pero en este artículo te hablaré de los 3 más importantes. ¡Comenzamos!

1) Todos tus pecados fueron perdonados

Por el Bautismo, todos tus pecados fueron perdonados, el pecado original y todos tus pecados personales así como todas las penas del pecado.

Si fuiste bautizado siendo un bebé, aquel pecado original producto de la desobediencia de Adán y Eva fue perdonado. Si te bautizaron cuando ya eras grande y tenías pecados personales, estos también fueron perdonados. ¡Absolutamente todos!

2) Naciste de nuevo

Nuestros hermanos evangélicos, especialmente los de corrientes pentecostales, suelen preguntarnos «¿y ya naciste de nuevo?», «¿ya eres una nueva criatura?», etc. La respuesta es un rotundo SÍ. Todos nacimos de nuevo el día de nuestro bautismo.

El Bautismo no solamente te purificó de todos los pecados, sino qe también te hizo «una nueva creatura» (2 Co 5,17), un hijo adoptivo de Dios (cf Ga 4,5-7) que ha sido hecho «partícipe de la naturaleza divina» (2 P 1,4), miembro de Cristo (cf 1 Co 6,15; 12,27), coheredero con Él (Rm 8,17) y templo del Espíritu Santo (cf 1 Co 6,19).

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3) Fuiste incorporado a la Iglesia, Cuerpo de Cristo

La Biblia nos enseña que «en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo» (1 Co 12,13). Todos los bautizados estamos espiritualmente unidos en un solo cuerpo que es la Iglesia. Por eso dice la Escritura «por tanto somos miembros los unos de los otros» (Ef 4,25).

Como miembro de la Iglesia, ya no te perteneces a ti mismo (1 Co 6,19), sino al que murió y resucitó por tí en la cruz (cf 2 Co 5,15). Por tanto, estás llamado a someterte a los demás (Ef 5,21; 1 Co 16,15-16), a servirles (cf Jn 13,12-15) en la comunión de la Iglesia, y a ser «obediente y dócil» a los pastores de la Iglesia (Hb 13,17) y a considerarlos con respeto y afecto (cf 1 Ts 5,12-13).

Del mismo modo que el Bautismo es la fuente de responsabilidades y deberes, como bautizado gozas también de derechos en el seno de la Iglesia: recibir los sacramentos, ser alimentado con la palabra de Dios y ser sostenido por los otros auxilios espirituales de la Iglesia.

¡No olvides esos milagros que el Señor te regaló!