Recientemente el Papa Francisco ha advertido que el diablo «no es un cuento de ancianas». El enemigo es real y, sin caer en la desesperación, debemos estar preparados para luchar contra él con el arma más poderosa que tenemos los cristianos: la oración.

Y en la Iglesia tenemos innumerables oraciones para todo ¡también para luchar contra los demonios! Aquí te comparto algunas muy usadas por santos e incluso recomendadas por Papas de la Iglesia Católica.

3 efectivas oraciones para luchar contra los demonios:

Oración de la Cruz de San Benito

(signo de cruz) En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Santa Cruz del Padre Benito. La Santa Cruz sea mi Luz. No sea el dragón mi guía. Apártate, Satanás; no sugieras cosas vanas; venenosa es tu carnada, bebe tú mismo el veneno. Paz.

(signo de cruz) En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Oración a San Miguel Arcángel creada por el Papa León XIII

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

Oración de San Alfonso María de Ligorio a la Virgen María

Oh, Bendita e Inmaculada Virgen, Reina y Madre nuestra, refugio y consuelo de todos los que están en la miseria: yo, postrado ante tu trono con toda mi familia, te elijo como mi Señora, Madre y Abogada ante Dios.

Yo, con todos los que me pertenecen, me dedico para siempre a tu servicio, y te ruego, oh Madre de Dios, que nos recibas entre tus siervos en la hora de nuestra muerte.

Oh, Madre de Misericordia, te elijo como Señora y gobernante de toda mi casa, de mis parientes, de mis intereses y de todos mis asuntos. No dejes de cuidarlos; dispón de ellos como te plazca.

Bendíceme, entonces, y a toda mi familia, y no permitas que ninguno de nosotros ofenda a tu Hijo. Defiéndenos en las tentaciones, libéranos de los peligros, aconséjanos en nuestras dudas, consuélanos en las aflicciones, acompáñanos en la enfermedad y, especialmente, en la agonía de la muerte.

No permitas que el diablo se gloríe de tener en sus garras a ninguno de los que estamos consagrados a ti; sino haz que podamos darte las gracias en el cielo, y juntos, contigo, alabemos y amemos a Jesús, nuestro redentor, por toda la eternidad. Amén, así sea.